Formar por competencias

Vivimos una revolución tecnológica y de acceso a la información que transforma día con día múltiples áreas del quehacer humano. Una de ellas, de particular importancia, es la forma en ¿cómo se aprende y se olvida los conocimientos aprendidos?. Es imposible pensar, una sola área del conocimiento científico dónde este fenómeno de creación de conocimientos no exista y no se halla transformado de forma sustantiva en los últimos decenios. Es por eso que la forma en ¿cómo aprenden las personas? y ¿cómo usan dicho conocimiento en las distintas esferas de su vida?; son temas de vital importancia para lograr una alta calidad de vida y/o bienestar. Las competencias claves para aprender son entonces vitales para el ser humano del siglo XXI. Pero, ¿cuales son esas competencias específicas que deben privilegiarse en el entorno educativo actual?, ¿cuales son en cada ámbito de conocimiento los elementos mínimos razonables para formar profesionales acordes al siglo XXI? Estas son preguntas claves que deben resolverse para alcanzar un adecuado balance en la formación por competencias, dejando atrás la versión previa de formar esencialmente con base a conocimientos o contenidos.

Aprender a aprender resulta clave en todos los casos, es por eso que es urgente involucrar más rápidamente a nuestros estudiantes a las actividades de investigación. Esta práctica de trabajar a partir de problemas y no simplemente consumir conocimientos y contenidos, permite fortalecer los criterios de integración de disciplinas, trabajo en grupo y fortalecimiento de las capacidades para tomar decisiones sobre qué tipo de conocimiento se requiere en cada caso concreto. Aprender haciendo se vuelve vital, aprender interactuando, aprender con y desde el objeto de investigación convierte la práctica docente en un laboratorio permanente basado en más preguntas que respuestas.

El emprendedurismo, el fortalecimiento de un segundo idioma y el desarrollo de pasantías de estudio en entornos universitarios alternos fuera del país de origen del estudiante; le permite al estudiante adquirir competencias cruciales para abordar con éxito el desarrollo profesional, sea éste un empleo o un desarrollo emprendedor por su propia cuenta. Tenemos que ser capaces de brindarle a nuestros estudiantes universitarios entornos de aprendizaje modernos, integrados a la mejor condición tecnológica y con mayor acercamiento entre las disciplinas, elementos que no pueden estar ajenos al fomento de nuevos valores que permitan crear no sólo buenos estudiantes y profesionales, sino y sobre todo, buenos seres humanos y ciudadanos. Ciertamente, hemos dado pasos importantes en nuestros campus universitarios para favorecer algunos de estos elementos de la cultura educativa del siglo XXI, sin embargo, aún se privilegia más la cultura educativa basada en contenidos, claramente obsoleta, en comparación de aquellos planes y programas de estudio basados en competencias.

Dr. Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com

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